Vacío gubernamental; pueblos sin ley

Redacción | 05-02-19 | 14:20

Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro

Lector, cuando escribo estas líneas lo hago con la mayor alarma y
preocupación, como ciudadano, como jefe de familia y como
observador, analista y comentarista de nuestra realidad diaria.

Son tantos los hechos de violencia que tienen lugar en nuestro Estado,
en nuestro entorno más cercano, que me temo que finalmente la
sociedad les ha dado carta de patente y se aceptan con la mayor
naturalidad como si todo el tiempo hubieran formado parte del
acontecer diario.

Tres días después de un hecho de violencia con características
especiales, que muestran al desnudo la descomposición social a la
que se llegó en Veracruz, que debería avergonzar a los tres niveles de
gobierno y a los organismos encargados de procurar e impartir justicia,
todo transcurre como si no hubiera pasado nada.

Al final −y es lamentable tener que terminar reconociéndolo− como
decía el exgobernador Javier Duarte aquí no pasa nada aunque pase
mucho y grave. Lo preocupante es que la indiferencia ya no solo
abraza a las autoridades sino también a la sociedad.

Fusilamiento
El lunes pasado, en el ejido Luis Echeverría del municipio de Las
Choapas, mejor conocido como Playa Santa, un grupo de las llamadas
autodefensas juzgó, condenó a muerte y fusiló a tres presuntos
secuestradores y detuvo a otras personas sin que hasta hoy sepamos
con precisión y oficialmente las consecuencias legales de una acción a
todas luces fuera de la ley.

Tal vez los funcionarios del gobierno del Estado sean los menos
interesados en que se ahonde en el asunto porque lo sucedido expuso
la ausencia total de autoridad que ha llevado a que veracruzanos,
sean de la condición social que sean, se tengan que hacer justicia por
propia mano.

Hace casi una semana, el pasado 26 de abril, titulé esta columna: “La
violencia, fuera de control”, y apunté: “Declaraciones, críticas,
respuestas, justificaciones, bla bla bla. Lo cierto, lo único cierto es que
la violencia está fuera de control en el Estado. Los únicos que hablan
con la verdad son los hechos. Autoridades y políticos de los diversos
bandos pueden decir todo lo que quieran pero el ciudadano lo que
constata son los ríos de sangre y las montañas de cadáveres”.
Lo sustenté en el alto número de víctimas de homicidio, varios de ellos
feminicidios en apenas cuatro meses.

Natalie Gallón, de CNN, publicó el lunes 29 de abril: “En los primeros
meses de 2019, el estado costero mexicano de Veracruz se ha visto
plagado de un severo derramamiento de sangre: en las calles, en tiroteos
desde vehículos e incluso con una masacre en una reunión familiar.
El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública de
México registró 682 homicidios en Veracruz de enero a marzo, junto con
122 secuestros.”

Fabiola Martínez informó el domingo 28 de abril en el diario La
Jornada: “Ciudad de México. Veracruz registró en marzo pasado una
cifra sin precedente –a escala estatal y nacional– de feminicidios
acumulados en 30 días. En ese mes, 26 mujeres fueron asesinadas en
esa entidad, crímenes cometidos con violencia extrema. Casi uno al
día”.

No inventé ni dije nada nuevo.
Sin embargo, el mismo 26 de abril, en Minatitlán, ante el presidente
López Obrador, el gobernador Cuitláhuac García negó que fuera
cierto. “Es falso, y lo digo con toda seriedad, que en Veracruz la
situación esté incontrolable. Sí hay sucesos que lamentamos mucho y
que vamos a corregir (como si las muertes violentas se pudieran
corregir) y vamos a dar con los culpables de aquellas situaciones que
se han dado últimamente”.

Dos realidades distintas
Me temo que el gobernador ya perdió también la dimensión del
problema. Se trata, en promedio hasta marzo, de 170 muertes
violentas por mes (aunque son un poco más), sumadas a quienes están en hospitales por lesiones y a quienes están desaparecidos.

Pero para él la situación está bajo control. ¿Cuántas víctimas más
tiene que haber para que se acepte que la violencia está fuera de
control?

No obstante su afirmación, el 29 de abril pobladores choapeños
constituidos en “autodefensas” fusilaron a tres personas porque ellos
mismos determinaron que eran delincuentes.

No hubo policía municipal, estatal o federal que lo evitara y si la
población actuó como lo hizo fue por desconfianza, sin duda alguna,
de que los entregaran y finalmente las autoridades los dejaran libres,
es decir, porque no confían ni en la Fiscalía ni en el Poder Judicial.
Porque están cansados de la impunidad.
Para ayer el hecho ya había sido olvidado, como si no hubiera pasado
nada.

Playa Santa es el más vivo ejemplo de que en Veracruz existen
pueblos fuera de la ley que se hacen justicia por propia mano, porque
seguramente sus pobladores están cansados de ver que las
autoridades están ausentes o no actúan y que prevalece la impunidad,
que hay un vacío de autoridad.

Lo que sucedió ahí fue un hecho más que ya no conmovió ni asombró
a nadie. Ya no hubo ni hay presión social para que se esclarezcan los
hechos ni para que se aplique la ley contra los hombres armados que
no conocen más que su ley. Pasó, fue real, pero tal parece que no
pasó.

Los hechos narrados por una reportera
En una nota muy completa publicada en La Jornada Veracruz, la
reportera Sayda Chinas Córdova narró que integrantes de 15
comunidades detuvieron a siete personas que habían llegado a la
comunidad para realizar una serie de rituales de “sanación” (a uno le
decían “El brujo”) pero a quienes presuntamente habían creído
secuestradores de un menor de 13 años que había fungido como su
guía.

Los visitantes iban a pedir por su salud en el ojo de agua que alimenta
las cascadas de Playa Santa y negociaron que el menor los

acompañara, pero no regreso esa noche a su casa porque se quedó a
ver los rituales. La madre se alarmó y ahí comenzó la tragedia.
Entraron entonces las autodefensas que localizaron al grupo y los
llevaron al pueblo donde los amarraron.

Llegaron elementos de la Secretaría de Seguridad Pública y de la
Fiscalía pero los habitantes no los dejaron entrar y se negaron a
entregárselos por temor a que los liberarán enseguida, reclamando la
presencia de los elementos de la Marina. Hubo una frustrada
negociación y a tres de los detenidos los golpearon, los “juzgaron” y
los fusilaron con disparos en la cabeza.

Sayda informó que las autodefensas de Las Choapas están ampliando
su radio de acción hacia el municipio de Moloacán y que apenas la
semana pasada hicieron un paseo por la localidad de Cuichapa en
unidades de carga que anunciaban que iban a hacerle frente a los
delincuentes. Recordó que en los municipios de Minatitlán,
Tatahuicapan y Soteapan también operan esos grupos.
Tierra de nadie.

El vacío, la inacción oficial, lo están llenando los propios pobladores,
que ya no creen en las autoridades legalmente constituidas. No hay
gobierno, no hay ley, ya no solo se trata de ciudades fantasmas sino
ahora de pueblos en tierra de nadie. Y el resto de la sociedad, como si
nada. Tres muertos más, ahora fusilados, presuntamente delincuentes
pero también presumiblemente inocentes, qué son. Por qué alarmarse
si se trató solo de tres cuando antes ya iban casi 700 y la autoridad
dice que todo está bajo control.

En Veracruz no pasa nada, repetía Javier Duarte ante la alarma y los
focos rojos que se habían encendido en la Ciudad de México por su
desastrosa actuación como gobernante. La historia parece estarse
repitiendo.

Matices Políticos no es responsable del contenido de éste artículo. El texto es opinión propia del autor.