#Opinión Los compromisos “cumplidos”

Redacción | 09-03-20 | 17:39

Y tú, ¿Kime cuentas?

Por Sebastián Kim

El 03 de julio ya llevaba «como 90»; para el 26 de agosto eran menos, «como 80»; y para el 01 de septiembre ya «hemos cumplido 95… y sólo están pendientes cinco o en proceso de que se cumplan». El presidente de México está tan acostumbrado a mentir e inventar datos, que ni él mismo se acuerda de lo que dice. Y la verdad es que es bastante complicado mantener vigentes tantas mentiras por tanto tiempo. Es decir, sería muy distinto si a diario presentara datos corroborables como estadísticas, muestreos o pruebas de que lo que predica es real, pero no, a López Obrador no le acomoda mucho la realidad.


Es muy sencillo refutar las fantasías del Segundo Informe de Labores que el mandatario nacional presentó el pasado martes, pues basta con recurrir a datos propios del gobierno, de organizaciones no gubernamentales o incluso a reportes periodísticos locales que realmente transmiten la realidad en la que vivimos los mexicanos. Por ejemplo, tan sólo en el caso de la violencia, el ejecutivo federal presumió que «ya no hay masacres», pero lo dice a poco menos de un año del ‘culiacanazo’ y de la masacre a la familia LeBarón.

Lo presumió también bajo el contexto de que el 2019 fue el año más violento de la historia del país, sólo comparable con épocas de guerra, como en La Revolución. Incluso quiso ostentar una disminución en promedio de 30 por ciento en robos, pero según datos del Observatorio Nacional Ciudadano, esto se debió meramente al confinamiento, pues al ingresar a la “nueva normalidad”, los índices de esta práctica ilícita se dispararon y volvieron a la alza. Además, aún con la pandemia
activa, los porcentajes de incidencia delictiva aumentaron en homicidios dolosos (+ 1.7 %), violación (+ 2.49 %), violencia familiar (+ 11.7 %), trata de personas ( + 31.6 %) y narcomenudeo ( + 31.6 %).


Ahora bien, si analizamos los 100 compromisos de campaña, la mayoría son puras promesas incomprobables, como el hecho de que la gente sea feliz o que tenga bienestar. ¿Cómo se puede medir la felicidad o el bienestar de una persona? Por otro lado, se adjudica como logros los
programas sociales implementados, pero si tomamos en cuenta los resultados de esos programas, no encontramos más que consecuencias negativas, como el fallido INSABI o los múltiples recortes a programas que sí funcionaban, como la entrega de medicamentos para niños con cáncer, por poner un ejemplo.


Ni hablar del circo que representa la rifa del avión presidencial. El dinero del premio sale de la venta de los ‘cachitos’, es decir, al comprar uno de estos, se paga la rifa y el premio. ¿Y el avión? Ah, ese se queda a cargo de la SEDENA durante dos años en lo que se encuentra algún comprador.
¿Para qué es la rifa entonces? Pues para comprar medicamentos para los pobres, pero, ¿no para eso hay una Secretaría de Salud que recibe dinero de nuestros impuestos para justamente proveer dichas medicinas? ¿No se supone que el INSABI se creó para garantizar el “acceso universal a la salud”? ¿De qué sirvieron entonces los recortes presupuestales y la cancelación de programas como los tratamientos oncopediátricos?


Por último, pero no menos importante, el pésimo manejo de la economía y de la pandemia. Las consecuencias de tener un gobierno ”90 por ciento honesto y 10 por ciento capaz” han sido verdaderamente desastrosas. Comenzaron mal, incluso antes de la pandemia, pues las decisiones
tomadas en materia económica son de corte socialista, ya lo hemos explicado en varias ocasiones.


La prioridad es la recaudación de más impuestos y de encarecer los que ya existían. Endeudaron más al país y con montos mayores que las administraciones pasadas; se acabaron los fondos que se lograron ahorrar durante tres sexenios en menos de dos años; y, por si fuera poco, durante la
pandemia evitaron tomar medidas fiscales para ayudar a la iniciativa privada a mantenerse a flote, propiciando el cierre definitivo de miles de negocios, chicos y medianos, lo que se traduce en millones de empleos perdidos y una caída de la producción sin precedentes en el país.


¿Qué decir del manejo de la crisis sanitaria ocasionada por el coronavirus? Somos referencia a nivel mundial de qué es lo que no se debe hacer, como la falta de pruebas, la nula promoción del uso del cubre bocas o la endeble estrategia de acciones para reducir movilidad y contagio. Somos
el país que más tiempo ha estado en confinamiento y ni así logramos reducir los contagios ni las muertes. Su inútil semáforo de riesgos es más confuso que útil, puesto que no ha servido de nada más que para cerrar negocios y detener la actividad económica del país.


En resumen, el Informe se trató de una mañanera más en donde no existe la autocrítica, no hay lugar para el error, ni el presidente ni su equipo se equivocan, como si fueran perfectos en todo. El ejecutivo federal encabezó un discurso totalmente triunfalista, lleno de elogios hacia su persona y
con un aura narcisista en donde él y sólo él es protagonista de absolutamente todo, pero no es culpable de absolutamente nada. «Somos el mejor gobierno en el peor momento», dijo, pero lamentablemente para nosotros, la realidad azota en la cara de todos con otros datos…
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