En riesgo, cultivo de maíz en México

Redacción | 07-19-19 | 00:24

Xalapa, Ver.- En México, el proceso de cultivo y producción de maíz se encuentra en riesgo debido a una gran variedad de amenazas relacionadas con el cambio climático, monocultivo, migración de agricultores y las especies genéticamente modificadas que reemplazan a las nativas.

Rosaura Citlalli López Binnqüist, coordinadora del Centro de Estudios Tropicales (Citro) de la Universidad Veracruzana (UV), dijo que la situación de esta actividad es completamente incierta y tiene que ver con la aprobación de políticas públicas que han fomentado una producción a gran escala de algunos productos, dejando de lado los policultivos, sistemas forestales, agroforestales, múltiples y tradicionales como la milpa.

Dentro de esta problemática también se consideran los riesgos a la salud por la introducción de nuevos productos alimenticios industriales que han desplazado la base alimentaria tradicional.

La Doctora en Desarrollo Rural por la Universidad de Twente, se refirió al tema de la migración como un fenómeno que ha ocasionado la disminución en la producción del maíz ante el abandono de las tierras por parte de los agricultores, quienes se van a otros estados o países en busca de mejores oportunidades laborales y calidad de vida.

Lo anterior ha ocasionado que las mujeres intervengan y lleven a cabo la producción completa de la milpa. “Han aprendido y cuando heredan las tierras o sus esposos trabajan por temporadas en otro lado, ellas se quedan a cargo del proceso de producción de la milpa”.

El fenómeno de la migración también ha frenado la transmisión del conocimiento de padres a hijos de estas actividades agrícolas, lo cual pone en peligro su práctica. “Son saberes que se aprenden con la observación y experimentación, y después quedan en manos de los jóvenes para seguir innovando y experimentando”.

El cambio climático es otra amenaza de esta actividad milenaria ligada a la riqueza biocultural del país, pues los huracanes, tormentas, sequías y prolongadas temporadas de lluvia afectan su producción.

López Binnqüist lamentó que en la actualidad haya mayor apoyo hacia el monocultivo, es decir, a la producción de una sola especie y variedad, con el fin de tratar de satisfacer las necesidades de la población.

En cuanto al cultivo de maíz transgénico, destacó que es un tema complejo en el que intervienen varios grupos a su vez divididos, por lo que se requiere una colaboración y revisión, así como estudios profundos y a largo plazo.

“Lo que ocurre en relación al maíz y a muchas otras especies domesticadas en México a lo largo de la historia de los pueblos indígenas y campesinos, es que este tipo de especies genéticamente modificadas las desplazan”; es decir, la agrobiodiversidad se ve disminuida porque estas nuevas variedades compiten y llegan a ser mucho más fuertes que las criollas.

Asimismo, se habla de una misma especie cultivada de una forma intensiva que normalmente requiere de productos tóxicos que dañan al medio ambiente y al cuerpo humano como: pesticidas, abonos y fertilizantes químicos.

Destacó que el maíz está asociado a otras especies que han sido domesticadas a lo largo de la historia de México, desde la época prehispánica, tales como: calabaza, jitomate y chile, acompañados de especies silvestres o toleradas que crecen de manera silvestre como los quelites.

Su producción ha tenido un fuerte impacto, sobre todo en el norte de México; mientras que la de menor escala se conserva en las regiones campesinas e indígenas, en ejidos, propiedades colectivas donde la gente tiene pequeños fragmentos de entre una o dos hectáreas.

“Ahí llevan a cabo esta producción de manera más diversa y en condiciones adversas”, expuso la investigadora.

Las especies que han sido desarrolladas a través procesos de domesticación de larga duración también son importantes, pues se complementan y benefician con las características físicas de cada región y están íntimamente ligadas con la cultura, tradiciones gastronómicas, preferencias de sabores, colores, formas de los maíces que requieren las poblaciones para los diferentes propósitos y temporalidades a lo largo del año.

“Si hablamos de la milpa, es un sistema que cumple con los requisitos nutricionales necesarios para la población, pero ahora con el consumo de productos industrializados o procesados, se ven problemas en la salud de niños y adultos, como obesidad y diabetes.”

Podemos decir que la milpa es un tema central y fundamental que forma parte de la historia de México, de lo que se refiere a los derechos y alimentación y a un buen vivir, al entorno que se puede manejar de manera sustentable.

Citlalli López puntualizó que casi todos los pueblos originarios de México tienen historias en donde el maíz se integra a los mitos, es la planta principal de nuestro país.

En otras naciones se consume, pero aquí es la planta que además de darnos memoria histórica, del origen de lo que somos como mexicanos, también está ligada a los territorios en cuanto a la riqueza biocultural, acotó.

Por ello, lamentó que México, siendo el país de domesticación de variedades de maíz y en donde se ha encontrado el origen que es el teocintle, ahora importe el grano.

Desde hace mucho tiempo, no sólo ya no exporta sino que ha dejado de ser autosuficiente en términos de producción. “Se importa de otros países, sobre todo de Estados Unidos, donde se maneja un producto estandarizado que no se sabe acerca de su calidad y cultivo”.

De ahí la importancia de fortalecer estos sistemas de producción en todos sus distintos aspectos que tienen que ver con lo cultural, identitario, agroalimentario y agrobiodiversidad.

En México se siembran 64 razas de maíz 

En el contexto de la milpa, los pueblos originarios de México domesticaron y generaron alrededor del 15 por ciento de las plantas cultivadas en el mundo –según datos de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio, 2008)–, donde el maíz nativo constituye el cultivo central. 

En el país se siembran 64 razas de maíz (Conabio, 2011), casi todas por pueblos campesinos e indígenas, que representan el 80 por ciento de los productores de este cereal –según cifras del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda, 2017). 

En los procesos de domesticación y dispersión del maíz han desaparecido algunas razas, y conforme las técnicas de identificación se modifican, cambia también la percepción de las variedades. 

En nuestro tiempo, la mayoría de los maíces indígenas ha quedado marginada del mejoramiento fitogenético nacional. De hecho, para el mejoramiento genético moderno de maíz en México se ha aprovechado menos de 10 de las 59 razas nativas. 

Alimentación y salud

Es importante notar que los maíces nativos destacan por su valor nutricional. En su gran diversidad de razas, variedades y colores, no sólo aportan calorías y proteína de alta calidad, también contienen aminoácidos esenciales, antocianinas y otros compuestos antioxidantes que se han asociado a la prevención de diversas enfermedades crónicas y degenerativas.

Por su parte, Isabel Alemán Chávez, académica de la Facultad de Ciencias Agrícolas de la UV, destacó que su trabajo de doctorado está orientado a detectar dónde se conservan aún materiales nativos de maíz en el estado de Veracruz.

Dicha investigación la llevó a Filomeno Mata, municipio de la región del Totonacapan y que aún conserva sus tradiciones en torno al cultivo del maíz, además es el sexto más pobre a nivel nacional.

Actualmente, el estudio se centra en analizar por qué se encuentran en ese nivel de pobreza, pero a la vez intenta percibir su potencialidad de conservar sus materiales de maíz nativo.

“Aunque ha habido programas federales y estatales en donde los han invitado a cambiarlos por comerciales y tener una mejor producción, ellos no quieren por tradición y cuestiones culturales, le siguen apostando al maíz que tienen.”

Este acercamiento le permitió darse cuenta de la problemática que enfrentan con relación a los suelos donde siembran, pues están muy desgastados, además no utilizan fertilizantes, pero tampoco emplean los desechos orgánicos que podrían incorporarles.

“Otra problemática es que su topografía es muy accidentada, producen en laderas, donde hay muchos deslaves, los suelos son cada vez más pobres y su producción es muy baja.”

Por ejemplo, producen aproximadamente de 800 a tres mil kilogramos por hectárea, lo cual es un rendimiento muy bajo, pues el kilo de grano por tonelada es de tres mil 500 pesos, lo más que les pueden pagar.

“Queremos saber qué están haciendo y produciendo, su potencial es que conservan sus materiales nativos, pero quizá les haga falta incorporar otros elementos secundarios que les puedan redituar ingresos.”

Esto puede ser a través de la venta de la hoja de maíz para la elaboración de tamales, pues en las cercanías con Estados Unidos hay empresas que la compran bajo ciertas condiciones, como tamaño y sanidad. “Para llegar a eso necesitarán de una buena asesoría”.

Otro municipio con estas características es Zozocolco de Hidalgo, décimo en nivel de pobreza en el país. Su fortaleza es que conservan materiales nativos, maíz de la región que han conservado de generación en generación y no se van hacia las variedades comerciales.

En la región de Xalapa se ha trabajado en congregaciones cercanas donde se siembra maíz, pero son materiales que compran en cualquier tienda de agroquímicos donde lo adquieren de empresas comerciales que incluso vienen de Sinaloa o el Bajío.

Muy pocos son los que conservan sus materiales nativos o ya tienen cruzas, comentó.

En la zona de Naolinco también siembran material nativo, pero ya tiene cruza con material comercial que proviene de empresas dedicadas a ese ramo y que puede traer alteraciones genéticas.

“Me llegó a sorprender cuando supe que las alteraciones genéticas que benefician de forma inmediata a algún cultivo pueden venir incluso de genes de especies animales. Al momento no se ven las reacciones o alteraciones, pero puede repercutir después.”

Finalmente, mencionó que en el estado de Veracruz son pocos los municipios que destacan en esta actividad, entre ellos: Naolinco, Rancho Viejo, Úrsulo Galván, Perote y Villa Aldama, donde conservan el material nativo aunque hay cruzas de otras variedades.

Comunicado Universidad Veracruzana