Desolado Coatzacoalcos, sepultan a víctimas de atentado a Caballo Blanco

Familiares de víctimas de ataques al bar Caballo Blanco, dieron el último adiós en Coatzacoalcos.

Carlos Hernández | 08-29-19 | 22:40

Coatzacoalcos, Ver.- “Como cuándo jugamos con tierra, ahora te la aviento, hermanita”, fue la despedida entre aplausos que le dio Alfonso, hermano, amigos y familiares de Xóchilt Nayeli Irineo López, víctima del atentado en el centro nocturno Caballo Blanco en Coatzacoalcos.

Las calles de Coatzacoalcos lucen desoladas, los residentes salen a trabajar con miedo que cala hasta los huesos, la economía está paralizada, bares, cantinas y botaneros están vacíos; 29 familias están de luto velando a sus seres queridos inundados en el dolor, el llanto, pero con la esperanza de justicia, otras más están en la zozobra en el hospital Valentín Gómez Farías.

El martes por la noche, un grupo de sicarios de la delincuencia organizada irrumpieron en el centro nocturno Caballo Blanco, ubicado en Román Marín y Zaragoza de la colonia Palma Sola.

Los sicarios acorralaron a empleados y comensales del bar, detonando sus rifles de asalto, rociaron gasolina y prendieron fuego; 26 personas fallecieron y 11 resultaron lesionados. La cifra para este jueves subió a 29 fallecidos.

Abraham Irineo Ramos, padre de Xóchitl Nayeli es paciente, se encomienda a Dios y asimila la muerte de su hija, da entrevista a los reporteros y rompe en llanto “yo lo único que quiero es sepultar a mi niña, que ya va a descansar y las autoridades saben lo que tienen que hacer”.

Para llegar a su hogar, se pasa por inhóspitas calles de terracería rodeadas por frondosos árboles y un riachuelo donde caen aguas negras, algunos residentes construyeron puentes de madera y otros salen en canoas para salir hacia la ciudad.

Xóchitl Nayeli tenía dos hijos, una niña de siete años y un niño de tres; además estudiaba derecho en la Universidad Veracruzana y trabajaba en Caballo Blanco para solventar los gastos de sus padres e hijos.

El recorrido al panteón fue tenebroso, el miedo acaparaba a familiares y amigos hasta la tumba, “Coatzacoalcos está en luto, no solo por el asesinato de Nayeli, sino por todos los que murieron en el atentado, eximimos justicia”, refutó Alma Ortiz, abuela de Xóchitl Nayeli.

Al llamado de justicia se sumó Carlos Ángel Ortiz, tío de Nayeli: “no voy a descansar porque tú siempre fuiste una luchadora por la justicia”.

A casi 3 días de la masacre, ni el gobernador, Cuitláhuac García Jiménez, ni el Fiscal General del Estado (FGE), Jorge Winckler Ortiz, se han aparecido por Coatzacoalcos para recorrer el lugar del ataque o acudir al hospital a ver a los heridos o a familiares de las víctimas mortales.

De las 29 víctimas, 11 mujeres y 18 hombres, 27 fueron entregados a sus familiares para ser velados en sus domicilios o funerarios, la mayoría sin trabajadores de Caballo Blanco” y fueron veladas en colonias marginales como Fertimex y Olmeca.

Esta pendiente por entregar los cuerpos de Bryan Varron de 25 años y Nathaniel Alindan de 33 años: ambos de nacionalidad filipina y marinos del barco Caribe Liza, quienes bajaron de la embarcación la noche del martes, un día previo a la masacre.

Eric “Dj Bengala”, uno de los empleados de Caballo Blanco, sus su familiares pretendían sepultar hasta el viernes, el golpe de calor de Coatzacoalcos a 33 grados centígrados, y el primer lugar nacional que ocupa Veracruz en dengue e inseguridad, orilló a las autoridades sanitarias a “exhortar” que por “salubridad pública” sepultarán este jueves a sus víctimas tras un pequeño velatorio en su humilde vivienda.

Hasta el momento, no hay detenidos del ataque a Caballo Blanco y se mantienen operativos en las entradas y salidas a Coatzacoalcos, además de recorridos policiales en las colonias de la periferia.