De ya, así es el estilo de AMLO

Redacción | 07-12-19 | 13:22

Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro
Lector, soy de los afortunados que hoy sale de vacaciones.
O sea, soy afortunado porque tengo trabajo. En la Universidad
Veracruzana.
Voy a aprovechar el periodo para atender pendientes personales.
Seré intermitente en la publicación de “Prosa aprisa”. Lo haré cuando
mi tiempo me lo permita.
Ni para anunciarte que, sin embargo, me tendrás cuando aquí menos
me esperes, porque esto sucedería solo si algo extraordinario
ocurriera en el Estado, aunque con el gobierno que tenemos no va a
pasar nada.
La curva de aprendizaje se prolonga y cuando algunos ya le estén
agarrando el hilo quizás llegará la hora en que se tengan que ir.
Cambios en la administración estatal sí los va a haber, incluido el que
más se ha cantado y se espera.
No el del gobernador, que él permanecerá en el cargo por más que
algunos anuncien su salida.
Pero no lleva prisa en los ajustes. Ya los determinó o ya le pidieron
que los haga pero estirará el tiempo de espera lo más que pueda.
Todavía pasarán algunos meses pero, eso sí, se darán en este mismo
año. Algunos quizás esperarán a Santa Claus ya en casita.
Le cantarán Las Golondrinas (o le echarán flit) hasta a la que anda
declarando que está firme porque está dando resultados.
El estilo del gobernador es muy diferente al del presidente López
Obrador, su tutor político.

Al día siguiente de la renuncia del secretario de Hacienda Carlos
Urzúa (qué forma de renunciarle), AMLO reveló un detalle que dejó
muy claro que le gusta que las cosas se hagan de inmediato.
Es de los que practica aquella vieja expresión (que seguramente la
usaban en su natal Tabasco) de “A lo que te truje, Chencha”.
En su conferencia mañanera platicó que cuando Urzúa le informó de
su decisión, le dijo que esperaría hasta el sábado para darla a conocer
para no afectar los mercados, ya que era martes día laborable.
Su respuesta fue, dicha por él mismo: “ya, lo más pronto posible,
vámonos”.
Un viejo zorro como es el tabasqueño sabe que en el gobierno, en el
poder político, no se debe y no se puede perder el tiempo.
Que las decisiones hay que tomarlas de inmediato, sin titubeos ni
contemplaciones; que las circunstancias hay que encararlas, de ya.
Acá se sabe que la petición o la indicación está hecha, y si la hicieron
es porque seguramente saben que las renuncias o los cambios son
necesarios o convenientes.
También se sabe que se va a acatar, pero parece que primero van a
empezar a deshojar la margarita.
Creo que no se dan cuenta, no perciben que entre más se tarden en
actuar más se desgasta o se daña la imagen oficial.
Allá ellos. Por eso lector, te decía, no va a ocurrir algo extraordinario.
Todos los días, lo mismo de siempre: que si Winckler me dijo, que si
yo lo amenazo mediáticamente, zarandajas, ¡puaf!
Y si AMLO viene –definen su agenda– ya sabemos la cantaleta:
Cuitláhuac es el muchacho chicho.
Entonces, te soy sincero, no me apuraré por estar pegado al teclado.
Siempre hace falta oxigenarse, tomar distancia.
A veces descuida uno a la familia o a los amigos, por ejemplo.
Aprovecharé para reunirme con ellos.

Y siguiendo la práctica de López Obrador, ya, lo más pronto posible,
vámonos, la tarde de esta misma noche empiezo la parranda con mis
amigos (y amigas) danzoneros.
A mi edad, además por eso, cuando ya estoy y voy de salida, ya no
puedo perder mi tiempo, quiero disfrutar lo más que pueda antes de
que ya no pueda hacerlo, que creo que no tardo.
Viajaré por el estado y por el sureste del país, aunque sea de
mochilero, como en los viejos y buenos tiempos. Quizá también suba
al altiplano.
Mis hijos, otro privilegio que tengo, hicieron una vaquita y creo que me
reunieron como 3 mil 875 pesos con 50 centavos para, me dicen, que
no me falte nada.
No me faltará. Los generosos amigos del puerto de Veracruz, por
ejemplo, son pura atención (y algunos, además, con son montuno
cubano de por medio).
Me gusta el bullicio del puerto, de sus cafés, el calor, soy de los que
todavía portalea.
Austero, por tierra, pero me voy de vacaciones. La situación
económica a la que nos está llevando la Cuarta Transformación no me
va a frenar.
Ayer la propia Junta de Gobierno del Banco de México (Banxico)
advirtió que la desaceleración económica es mayor a lo que se
esperaba.
Mientras que para el Bank of America, México entró en recesión
técnica.
O sea, en lenguaje cristiano no especializado en economía, no vamos
bien.
El Banxico consideró que la orientación de las políticas públicas (las
del gobierno de López Obrador) “en sectores estratégicos y una
política de gasto que ha favorecido la redistribución de recursos hacia
las transferencias sociales a costa de inversión pública, constituyen
factores que siguen minando la confianza de los inversionistas”.

Con un ojo al gato y otro al garabato, atento a lo que pasa en la
política, pero también en la economía, por aquello de no te entumas,
pedí ayer a un amigo doctor en Economía que ha sido funcionario
estatal y federal, que es catedrático en la materia y que tiene un gran
bagaje teórico, que me explicara en cristiano y en pocas palabras qué
es una desaceleración económica y qué una recesión.
Me respondió:
“Desaceleración: vas en un coche a 100 km y sueltas el acelerador,
sigues avanzando pero cada vez a menor velocidad. Recesión: en vez
de crecer decreces. En el argot de los economistas con que decrezcas
tres trimestres seguidos ya es recesión. En México tenemos una
desaceleración, crecemos menos que antes. Antes crecíamos al 2%,
ahora estiman que sea a menos de 1”.
Pero me recomendó esperar el dato del segundo trimestre para hacer
una mejor valoración de la evolución de la economía.
En principio, ¿si no vamos o estamos mal, tampoco vamos bien?, ¿así
es?, le pregunté.
No dudó: “Vamos mal”.
Me recordó que la economía debería crecer al 4.5 o 5% para poder
emplear a todos los que se incorporan al mercado de trabajo.
“Imagínate qué hacíamos con un crecimiento del 2%, pues ahora con
ni siquiera 1%”.
¡Chin!
Como decía el yucateco: ¡mare!, si se acaba el mundo, nos vamos
para Mérida.
Allá también iré a parar. Me gusta incluso para vivir. Ya veré si cuando
regrese todavía queda en pie algo de Veracruz.
¡Y pensar que lo más seguro es que me encuentre al mismo equipito!
Relájate Reyes Isidoro y deja a tus lectores en paz. Nos vemos.