AMLO: Falta erradicar por completo el fraude electoral

Redacción | 07-01-20 | 23:51

Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro

Si el presidente Andrés Manuel López Obrador fuera siempre el de
ayer en la tarde, México iría con mejor rumbo; estaría mejor.
Vi y escuché su informe-mensaje a dos años de que ganó la
presidencia y fue todo diferente al pendenciero de las mañaneras.
Se vio bien el acto austero –obligado por la circunstancia sanitaria–,
mejor que si lo hubiera hecho en el Zócalo como un acto más de
campaña.
Me pareció claro y preciso. Se vio bien que no alardeara ni que
descalificara. Estuvo en su papel. Defendió su política y su gobierno.
Por la circunstancia de la proximidad de la próxima elección, dentro de
once meses, me parece alentador lo que dijo, aunque ahora falta que
lo cumpla.
Casi al final, en lo que podría considerarse como su mensaje político,
expresó que aunque es evidente que existe una mayor participación
ciudadana “todavía nos falta erradicar por completo el fraude
electoral”.
Pero tanto o más importante que eso fue el ofrecimiento de su respeto
a las decisiones de los órganos electorales autónomos, como el
Instituto Nacional Electoral (INE) y el Tribunal del Poder Judicial de la
Federación.
En los últimos meses, en sus conferencias matutinas había arremetido
contra el INE y en días pasados había dicho que se convertiría en
vigilante de las elecciones, lo que se interpretó como que quería
desaparecer el órgano electoral y controlar las elecciones.
«Por eso he dicho que en las próximas elecciones, sin dejar de
respetar las decisiones de los órganos electorales autónomos como el
Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de
la Federación, vamos a estar todos atentos para que las elecciones
sean verdaderamente libres y limpias».

Aludió a las críticas que le llovieron, pero se defendió.
«Cuando hace unos días expresé este compromiso por la democracia,
algunos se molestaron y empezaron a vociferar que eso era
intromisión, injerencia. Olvidan que la democracia implica en primer
lugar el respeto al mandato del pueblo, un mandato que en el pasado
reciente fue atropellado por las prácticas del fraude impulsadas desde
la cúspide de los poderes político y económico y solapadas por las
autoridades electorales”.
Recordó que desde que tomó posesión dejó en claro que no incurriría
“en esas acciones abyectas”; que observaría una estricta imparcialidad
partidista y que respetaría los resultados electorales de cualquier
signo. Pero también reitero que “actuaremos denunciando sin titubeos
y con firmeza cualquier intento de fraude electoral”.
Sostuvo que para el próximo 1 de diciembre estarán ya establecidas
las bases de una nueva forma de hacer política; que para entonces ya
habrán terminado con las principales reformas legales.
También reiteró, evocando a Francisco I. Madero, que no se reelegirá,
y que respetará el sufragio efectivo.
El gran fraude electoral de 1988
Esté uno o no de acuerdo con su forma de gobernar y con su política,
es indudable que erradicar el fraude electoral es una asignatura
pendiente desde que la Revolución se institucionalizó.
Todo político en México ha sabido siempre que el fraude electoral lo
institucionalizó primero y luego lo convirtió en negocio el PRI cuando
empezó a tener oposición en serio. Cuando llegó al poder el PAN lo
secundó.
Hubo un tiempo en el país en el que la oposición existía pero no
contaba. Entonces el gobierno y sus aparatos político-electorales no
se autocometían fraude pero sí inflaban las cifras a su gusto. Era
famoso el relleno de urnas; se hablaba de “urnas embarazadas”.
El mayor fraude en la historia nacional ocurrió en 1988 cuando al
entonces Secretario de Gobernación y titular de la Comisión Federal
Electoral (CFE), Manuel Bartlett, se le “cayó el sistema” de cómputo y

dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari por sobre Cuauhtémoc
Cárdenas.
En Veracruz, el pueblo votó arrolladoramente contra del PRI. Nunca se
me olvida aquella tarde cuando le comenté a mi maestro Froylán
Flores Cancela que ya eran las seis de la tarde y la gente seguía
haciendo cola para votar.
Me hizo una observación con la experiencia y la agudeza política que
tenía. Me preguntó si alguna vez había yo visto que la gente se
volcara en las urnas a votar por el PRI y continuara sufragando
después del horario límite en una elección normal. Nunca, le respondí.
Si el pueblo sigue votando es señal de que lo está haciendo por
Cuauhtémoc, me dijo.
El gobernador entonces era don Fernando Gutiérrez Barrios,
experimentadísimo político, pero también diplomático y de trato suave,
directo, personal. Él sabía lo que había pasado y con su famoso
“hágalo por Veracruz” persuadió al entonces corresponsal de Excelsior
que cambiara el sentido de su nota en la que daba cuenta de la
derrota de Salinas.
Supo de la nota porque el único fax que existía en todo el Estado era
de la Coordinación General de Comunicación Social y el corresponsal
había llevado su información para que se la transmitieran. Cuando la
vio y leyó, un astuto empleado avisó. Personalmente don Fernando le
entró al asunto. Me tocó vivir de cerca aquello.
Don Fernando vivía en la Casa Veracruz. Como vecino, le había
sugerido varias veces a algunas personas de su círculo más cercano
que visitara la escuela primaria “Rafael Ramírez” y que invitara a
desayunar a las señoras de la colonia 2 de Abril para que hubiera
acercamiento. Nunca lo quiso hacer. Los vecinos le dieron una paliza
en las urnas.
Qué cosas del tiempo y de la vida. Hoy Manuel Bartlett es de los más
cercanos y protegidos de López Obrador y hoy también el tabasqueño
habla de erradicar por completo el fraude electoral. La sombra de
Bartlett, la viva personificación del fraude, le va a pesar. Creará
desconfianza.

Pero los ciudadanos debemos y tenemos que tomarle la palabra y
también vigilar que cumpla, que no intente favorecer a su partido.
El Presidente más insultado
Dijo también ayer en su mensaje algo muy cierto: «Nunca, en más de
un siglo, se había insultado tanto a un Presidente de la República”.
Remató con algo cierto a medias: “… y la respuesta ha sido la
tolerancia y la no censura». La no censura es cierto. La tolerancia, no
tanto, porque en sus mañaneras han sido muy directas sus agresiones
contra los medios y periodistas críticos de su gobierno.
En los otros temas sensibles de su gobierno, el manejo de la
economía y de la inseguridad, no cambia. Continúa distanciado de la
realidad. Según él con lo que reparte de los programas sociales está
reactivando la economía.
Habló que se eliminó al Cisen, los sistemas de espionaje político, y
que no se espía ni se persigue a nadie; que la oposición se manifiesta
con libertad. Esto último es cierto, lo primero, lo dudo. El espionaje
político es condición indispensable de la gobernabilidad.
Su informe fue un repaso y un compendio de lo que nos receta todos
los días en sus mañaneras.