La transformación futura del PRI debe ser del tamaño de la derrota actual: René Juárez

Quiero un PRI que interprete y entienda la nueva realidad social, porque México, a partir del primero de julio, es otro y tenemos, con humildad, que aprender a conocerlo.

Valeria Marcial | 07-17-18 | 00:52

Ciudad de México.- 74 días duró como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI) René Juárez Cisneros, quien sustituyó a Enrique Ochoa Reza, el pasado 4 de mayo.

Tras la más grande derrota de la historia del PRI en el país, René Juárez anunció este lunes de manera oficial su renuncia a la dirigencia del tricolor, quedando en su lugar, de acuerdo a los estatutos del partido, Claudia Ruiz Massieu, quien hasta hace una horas se desempeñaba como Secretaría General.

Ruiz Massieu asumió el cargo de Secretaria General del PRI el 9 de mayo del 2017, en ese entonces, quien le tomó protesta al cargo política, fue el presidente Enrique Ochoa Reza.

El PRI perdió en México las elecciones del domingo 1 de julio, con el abanderado José Antonio Meade Kuribreña, siendo el ganador de la contienda a la presidencia de la república Andrés Manuel López Obrador; también como es conocido, no obtuvo gubernatura alguna y en los cargos de senador y diputados federales y locales, se tiene una representación minoritaria en los Congresos.

En su mensaje de anuncio a la militancia del tricolor, René Juárez deseó se pueda lograr “un PRI alejado de la soberbia y del burocratismo” e hizo una serie de reflexiones, sobre los motivos de la baja votación que obtuvo el PRI en las urnas el pasado 1 de julio.

Mensaje de Rene Juárez Cisneros, donde anuncia renuncia a la dirigencia del CEN del PRI

 

Muchas gracias a todos, muy buenas tardes.

En primer lugar, quiero expresar un amplio reconocimiento a quienes en estos casi dos meses y días me permitieron el privilegio de trabajar juntos en este desafío que recién concluyó con el proceso electoral.

Al Comité Ejecutivo Nacional en su conjunto, a las mujeres y los hombres que lo integran, muchísimas gracias por su solidaridad, por su respaldo y por su afecto.

A los líderes de los sectores y organizaciones, también a quienes representan las corrientes, expresiones y órganos adherentes, y fundamentalmente a toda la militancia, hombres y mujeres, mujeres y hombres de toda la nación, de todo el país, a las dirigencias estatales, a las dirigencias municipales, a los seccionales, a todos quienes tuvieron una responsabilidad en este tramo, en las entidades federativas como delegados o como comisionados políticos, y a los cinco coordinadores regionales que estuvieron siempre solidarios en esta tarea.

A todos, sin excepción, muchísimas gracias.

El pasado primero de julio el pueblo de México votó y decidió alejarnos de manera contundente el respaldo en las urnas. Esta derrota del primero de julio del 2018, sumada a las dos de los años 2000 y 2006, nos obliga a preguntarnos cuál es el futuro de nuestro partido.

Primeramente, tenemos que reflexionar por qué hemos llegado hasta aquí, qué hicimos y que no hicimos.

Segundo, tenemos que responder, escuchando a la militancia. Ellos son a quienes les toca hoy hablar. No debemos olvidar que siempre ha sido más grande y mejor la militancia, que la dirigencia.

En tercer lugar, el reclamo histórico de la militancia ha sido la democracia interna, para elegir dirigentes y gobernantes. Preguntémonos entonces: ¿por qué hemos desoído siempre esta demanda?

Cuarto, ¿cómo vamos a devolver el poder al partido?, ¿cómo construir un partido para luchar por el poder para servir a la gente, y no un partido para servirle al poder?

Quinto, tenemos que aprender de las grandes lecciones: cuando nos cerramos no entendimos los cambios de la sociedad: la sociedad se abrió y nosotros nos cerramos. Hoy nos abrimos a destiempo.

Sexto, el PNR nació en 1929 y se transformó en tan sólo ocho años, para dar forma al PRM. Nueve años después, se convirtió en el PRI. Desde entonces han pasado 72 años y sólo hemos adecuado cosméticamente a nuestro partido.

Pareciera que no leímos bien el 68, el 88, el 97, el 2000 ni el 2006, y como partido perdimos la gran oportunidad del 2012. Hoy tenemos que preguntarnos: ¿nos cambiaron porque no cambiamos? Y ¿cuál es la transformación real y profunda que requiere nuestro partido?

Concluyo en que la transformación futura del PRI debe ser del tamaño de la derrota actual.

Mi convicción me lleva a pensar que la democracia interna en mi partido es un factor fundamental para mantenerlo vigente en la competencia política. Siempre será mejor una decisión surgida de las bases a cualquier otra decisión vertical, por mucho que ésta parezca mejor.

Y aquí hablo con conocimiento de causa. Lo expreso porque he vivido en mi vida política dos experiencias fundamentales: la primera, hace 30 años, cuando Donaldo Colosio -en paz descanse- hombre con visión de futuro, y José Francisco Ruiz Massieu gobernando Guerrero, decidieron abrir al PRI para definir desde la base quién sería el candidato a presidente municipal de Acapulco.

En esa ocasión me tocó participar en contra de quien era el presidente de mi partido, hombre que respeto y a quien le tengo afecto, amigo actual.

Después, cuando quise ser gobernador, hace 20 años, el PRI también llevó a cabo un proceso interno donde pude participar con compañeras y compañeros de partido, de una enorme calidad política y convicción ideológica.

En ambos casos, la ciudadanía me dio su confianza en las urnas, de manera contundente. El proceso interno democrático se había validado precisamente en una elección constitucional. Por eso afirmo que es la democracia interna un camino viable para nuestro partido.

De cara al futuro, creo en un partido democrático, incluyente y cercano a la gente, que acompañe causas y sueños de la militancia, de los simpatizantes y de los ciudadanos.

Creo en un partido donde quepamos todos, donde todos podamos participar, pero sobre todo creo en un partido que acompañe a los más pobres de México.

Creo en un partido donde la gestión social y la respuesta a los ciudadanos sea eficaz y eficiente.

Quiero un PRI alejado de la soberbia y del burocratismo.

Quiero un PRI que enarbole banderas sociales, que se ponga al frente de las causas populares, que trabaje en la concreción de los derechos sociales, que luche por la igualdad, los derechos humanos, la libertad y por la atención a los grupos más desprotegidos.

Quiero un PRI democrático, donde sus dirigentes y candidatos se elijan democráticamente, sin cancelar opciones de consenso y de unidad, pero siempre privilegiando la opción de surgir de procesos democráticos desde la base, que sea la militancia la que decida.

Quiero un PRI que interprete y entienda la nueva realidad social, porque México, a partir del primero de julio, es otro y tenemos, con humildad, que aprender a conocerlo.

Nuestro partido requiere de dirigentes sensibles. El PRI requiere de dirigentes, legisladores y servidores públicos de tiempo completo, para que los dirigentes dirijan, los legisladores legislen, los administradores administren y los gobernantes gobiernen.

Para renovar y fortalecer la dirigencia nacional de nuestro partido es imprescindible que ésta surja de un proceso democrático.

Próximamente he de asumir una tarea parlamentaria a la que debo dedicarme de tiempo completo. Quiero dejar muy claro, porque es mi convicción: estoy totalmente convencido que la Coordinación de la Fracción Parlamentaria de nuestro partido en la Cámara de Diputados es responsabilidad de las y los legisladores.

Serán ellos y solamente ellos los que, libre y democráticamente, deberán decidir quién será nuestro coordinador. Yo estaré siempre dispuesto a sumarme a mi Fracción, en cualquier condición, en cualquier circunstancia, como siempre lo he hecho: con lealtad, desprendimiento y pasión partidista.

Por eso, en una actitud de congruencia y como decisión estrictamente personal, el día de hoy anuncio mi renuncia al cargo de Presidente del Comité Ejecutivo Nacional de mi partido.

Nuestras normas internas establecen claramente la prelación, de tal manera que, a partir de este momento y estatutariamente sustentado, quienes deberán de ocupar la Presidencia y la Secretaría General serán la Maestra Claudia Ruiz Massieu, actual Secretaria General y el Licenciado Rubén Moreira.

Quiero expresarte, Claudia, de manera personal -con quien he venido trabajando de la mano, siempre coordinadamente estos 70 días que he estado al frente del partido-, quiero expresarte mi reconocimiento, mi admiración, a tu entrega, a tu pasión y a tu capacidad. Cuentas conmigo invariablemente en esta nueva responsabilidad.

Lo mismo para mi amigo Rubén Moreira, con quien también he tenido el privilegio de compartir tareas y retos. Cuente usted conmigo, mi querido Rubén, para lo que yo pueda servirles.

Como todo en la vida, las responsabilidades de liderazgo tienen sus ciclos. El mío al frente de esta tarea, por ahora, ha terminado.

Como ustedes saben, llegué a la dirigencia en un proceso, en una etapa difícil de la campaña. Sin embargo, acepté el reto consciente de su complejidad; hice todo lo que estuvo a mi alcance en estos poco más de 60 días que estuve al frente de esta honrosa responsabilidad.

Me entregué con pasión y recorrí todo el país, expresé mis ideas y mis sentimientos y me mostré leal a mis convicciones de partido, a mis convicciones ideológicas; soñé en la victoria y pensé en ganar.

Llamé al priismo a la unidad y a construir todos los días el deseo de éxito y hambre de victoria.

Lo hice siempre pensando en nuestra capacidad de vencer, porque hemos construido victorias a lo largo de los años.

Sigo pensando que el PRI es un partido que debe soñar siempre con la victoria.

Haber ignorado las transformaciones político-sociales de nuestro país, nos llevó a donde estamos hoy.

Hoy veo un PRI alejado de sus bases, que reclama cercanía de su dirigencia y demanda respeto.

Hoy veo un PRI en el que se ha infiltrado la simulación y demanda democratizar sus procesos internos y la toma de decisiones.

Veo a una militancia que demanda gestión social a favor de nuestros militantes y simpatizantes.

Veo un PRI que debe acomodarse a la nueva realidad social, al que unos cuántos quieren involucrar en una lucha intestina, que sólo daña la cohesión y la unidad de nuestro partido.

Veo un PRI con necesidad de refundarse, de volver a sus orígenes y de buscar de nuevo cercanía con la gente más necesitada.

Yo quiero un partido donde las cúpulas no decidan, que decidan sus militantes.

Quiero un PRI donde sus militantes nombren a sus candidatos y sus dirigentes.

Por ahora, aún estamos inmersos en el proceso electoral y lo estamos cerrando. Hay tres etapas que tenemos que concluir.

Ésta, que es la de la elección, acompañando impugnaciones que están haciendo nuestras amigas candidatas y candidatos. Con esta decisión se estabiliza la dirigencia.

Vendrá la etapa de la reflexión para la transformación. En esa etapa todos habremos de participar, para que pasemos a la siguiente, que será la definición de la dirigencia, de cara al futuro.

Estas etapas son impostergables, debemos observarlas para cuidar la unidad de nuestro partido. El reto que ahora enfrentamos nos exige una reflexión serena, para entender la lección de la elección, para discutir lo que tengamos que cambiar y preservar lo que debamos preservar, que es mucho, dándole orden a nuestra reflexión.

Para regresar al poder, debemos de aprender de la derrota. La militancia debe expresarse. El camino real será la nueva etapa del Partido Revolucionario Institucional.

En la transformación de nuestro partido, los jóvenes jugarán un papel fundamental. No obstante, el entreveramiento generacional es condición indispensable para conjugar entusiasmo y reflexión.

En cualquier caso, no es éste un asunto de edad. Es y deberá ser una nueva forma de hacer política, ante una sociedad distinta que nos exige una nueva cultura, donde el centro de todos nuestros esfuerzos sea la gente, pero sobre todo los grupos más vulnerables.

Los actuales tiempos demanda una nueva forma de hacer política, que empate con los viejos y nuevos reclamos de la sociedad, y una nueva forma de comunicarnos, donde su eficacia esté en su sencillez y claridad pero, sobre todo, en su pertinencia.

Para ello, considero que se requiere la creación de un espacio para la reflexión incluyente, que bien podría denominarse Comisión Nacional Consultiva para la Transformación del PRI y que también puede replicarse en cada una de las entidades federativas.

Esta Comisión debe operar con un Secretariado Técnico que ordene y procese las aspiraciones de los militantes, y si se considera pertinente, puede instalarse cuando así lo considere conveniente la nueva dirigencia, quizá en la segunda semana de julio.

Desde ahora puedo asegurar que con este ejercicio democrático los priistas arribaremos a conclusiones de trascendental importancia para la vida de nuestro partido. Con ello regresaremos a ser un partido confiable para la sociedad mexicana.

El desarrollo de México no se explica sin la participación de nuestro partido. En el PRI seremos oposición responsable y demandante, que anteponga el interés de México y que garantice que no se violenten los derechos de los mexicanos.

Hacia el interior, nuestro partido habrá de brindar pleno reconocimiento al orgullo de ser priistas, a la lealtad y al trabajo de la militancia.

No admito ni acepto que en cada crisis debamos aplicar el borrón y cuenta nueva. Tampoco, que debamos rasgarnos las vestiduras y autoflagelarnos.

No es tiempo de repartir culpas, ni tampoco de individualizar responsabilidades; asumamos todos, con serenidad y prudencia, la parte de la responsabilidad que nos corresponde. Sobre todo, de quienes hemos tenido puestos de dirigencia o de cualquier espacio político en el partido, que el partido les haya otorgado.

Debe quedar muy claro que los militantes y los simpatizantes no son responsables de la derrota, ellos tendrán siempre mi respeto, reconocimiento, gratitud, afecto y mi profundo cariño.

Debemos mantenernos unidos y cohesionados para discutir todo en un marco de respeto a todas las ideas y a todas las expresiones, sin descalificaciones ni oportunismos.

Y nunca anteponer el interés personal o de grupo al interés supremo de nuestra organización política.

Mantengo una actitud firme de servir a mi partido cuando me requiera y nada me daría más gusto que la validación de las bases.

Cuando se lucha por ideales y principios, y por alguien en quien creemos, la derrota no existe. Llegué a la dirigencia con la frente en alto; con la frente en alto me retiro.

Habré de entregar en este momento al señor Secretario Técnico del Consejo Político Nacional, la renuncia correspondiente.

A efecto de que se den los pasos de acuerdo a la normatividad que rige la vida interna de nuestro partido, le solicito respetuosamente a mi amiga Claudia Ruiz Massieu si pudiera dirigirnos un mensaje.

Muchas gracias a todos.

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