El desprecio de Ochoa Reza

Redacción | 05-08-17 | 07:15

Astrolabio Político

“Nadie es desgraciado sino por su propia culpa.” – Séneca.

El PRI está herido de muerte, el otrora hegemónico partido gobernante de México tiene sus días contados, la elección del 2017, en cuatro entidades del país será, la prueba final que confirmará el diagnostico.

El instituto político conformado a iniciativa de Plutarco Elías Calles, sufre la peor crisis de credibilidad de su historia, como resultado de la generación política más deshonrosa de la que se tenga memoria.

Cuando entre 1929 y 1989 el PRI mantuvo esa hegemonía y finalmente perdió por primera vez una gubernatura, la del estado de Baja California (ante el candidato del PAN), el partido, desatendió el llamado urgente a evolucionar o morir.

La confirmación del diagnóstico primario llegó cuando en 1997 perdiera la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y la de Senadores en 2000, que a su vez trajo como consecuencia natural la llegada de la alternancia presidencial en el 2000 con la llegada de Vicente Fox.

Hasta 1989 el PRI gobernó las 32 entidades federativas; en la actualidad el tricolor gobierna solamente en 15 estados de la República: Campeche, Coahuila, Colima, México, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tlaxcala, Yucatán y Zacatecas y también el estado de Chiapas en alianza con PVEM – PANAL.

Hasta la elección del 2012, el PRI apuntaba un retorno sumamente halagüeño –resultado de la guerra fratricida que emprendió el gobierno del panista Felipe Calderón-, logrando en la elección un total de 164 diputados electos y 49 plurinominales, el PRI ganó la mayoría en la Cámara de Diputados y se colocó como la primera fuerza política en el Senado, con 41 senadores electos y 11 plurinominales, lo que la convirtió de nueva cuenta en la primera fuerza política nacional en el Congreso de la Unión.

Además, en dicha elección, el PRI logró recuperar la Presidencia de México con la alianza Compromiso por México en la persona de su candidato Enrique Peña Nieto, consiguiendo 19’226,784 votos, lo que permitió acumular al partido el 38.21% de la votación, convirtiéndose en el candidato presidencial más votado en la historia del PRI, -aunque dicho resultado fue pasajero-.

En Veracruz la crisis de credibilidad del partido se vio consumada con la gubernatura del quizá considerado político más corrupto del orbe, y es que el paso de Javier Duarte por la administración estatal, fue la clara confirmación de que sujetos de esa calaña habían tomado por asalto al partido para condenarlo al descredito y al fracaso.

De ese modo, y tras la derrota cantada a la gubernatura de Héctor Yunes Landa, el Revolucionario Institucional comenzó a exhibir que el cáncer había cundido ya todo el aparato, y ni con trasplante se lograría salvar al paciente.

La renuncia de Amadeo Flores Espinosa y la asunción de Renato Alarcón Guevara, – a la dirigencia del partido- suponían una posible transfusión que daría salvamento al famélico cadáver, representado en el PRI mismo.

En un principio el dirigente estatal daba muestras de ser la respuesta a la crisis de confianza que demandaba la militancia, y que permitiría lograr el triunfo por encima del famoso AMLO.

Pero oh, qué mayor decepción, cuando se descubría que las renuncias de la militancia se comenzaban a dar en cascada.

Primero fueron los candidatos a la presidencia municipal y síndico de Coatepec, Victoria Isabel Servín Baizabal y Víctor Hugo Alarcón Limón, quienes informaron el 28 de abril que su decisión obedecía a que anticipaban la derrota del partido en su municipio, pues “debido a la falta de seriedad y compromiso a los acuerdos que con antelación se tomaron” en la conformación de la planilla.

Después las renuncias comenzaron a llegar las demás cual agua cayendo en la cascada.

Casos como el de Antonio González Prieto, candidato a la alcaldía de Oluta quien renunció ante la falta de respeto a los acuerdos partidistas, se suman a la también dimisión de Iván Aburto Salazar quien fungía como regidor tercero suplente de la planilla del PRI por no comulgar con el proyecto del candidato a la alcaldía, Jesús Hernández González.

Aburto Salazar apuntó en su momento que no sería aval de un proyecto vacío de militancia y lleno de vicios, pues presentaba altos niveles de corrupción además de carecer de identidad partidaria y sin visión de gobierno.

Para Aburto Salazar, la crisis que enfrenta el partido, tiene nombre y apellido, y recae única y exclusivamente en sobre el presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, Renato Alarcón Guevara.

La más reciente la debieron padecer los candidatos priistas a las alcaldías de la región capital, cuando gran tlatoani, Enrique Ochoa Reza, canceló su visita programada para este domingo.

El despreció exhibido por el líder nacional del PRI vaticinan lo que es inevitable, la derrota inminente, pues para nada que compromisos de última hora, fueron la causa de tan suspicaz cancelación, el tiempo de reconocer que las cosas no están nada bien en el partido, ha llegado.

La salida de su líder estatal, está más cerca que nunca, el fracaso electoral, más que cantado, el síndrome del ladrillo más que evidente, el desprecio de Ochoa Reza lo confirman.

Sextante.

Gracias Leonardo Rosas Ramírez, miembro de la organización “Comunicadores Unidos”, y jefe de información del ISSSTE Nacional quien a través de la talentosa periodista Ingrid Huesca, actual responsable de Comunicación Social del ISSSTE, propuso a los cuatro comunicadores veracruzanos – Ana Laura Pérez Valdez, Brisa Gómez, Álvaro Belín y Luis Ramírez Baqueiro- para hacerlos acreedores al Premio al Mérito Periodístico que otorgará dicha agrupación y el Senado de la República el próximo 7 de junio, con base al contexto del ejercicio periodístico desarrollado en el estado; el procedimiento consistió, en la evaluación de sus síntesis curriculares, así como una semblanza para efectos de que el Comité Organizador realizará la selección. Dicha tarea estará encomendada año con año a la propia Huesca Morales. En hora buena a los comunicadores galardonados.

Al tiempo.

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