Considerar al 68 como parteaguas limita la visión de la historia: Jaime Pensado

El académico de la Universidad de Notre Dame, habló sobre la complejidad de entender un fenómeno como el movimiento estudiantil de 1968 a partir de su libro Rebel Mexico.

Redacción | 11-19-18 | 10:51

“Hay una voz hegemónica que excluye a otras narrativas, esa voz le da prioridad al varón, le da prioridad a la UNAM, le da prioridad a voces de líderes del CGH y las voces de la mujer, del Politécnico, se excluyen”.

Xalapa, Ver.- Considerar al 2 de octubre de 1968 y al movimiento estudiantil como un parteaguas de la democracia en México es una visión errónea que excluye a voces distintas a las de los líderes estudiantiles, considerados actualmente como las “voces hegemónicas” del movimiento.

Así lo planteó en entrevista para Universo Jaime Pensado, profesor de la Universidad de Notre Dame en los Estados Unidos y director del grupo interdisciplinario de investigación “México”, conformado por académicos que realizan estudios sobre nuestro país.

El investigador tiene un doctorado por la Universidad de Chicago y es miembro del Instituto Kellogg de Estudios Internacionales, así como también del Instituto para Estudios Latinoamericanos de su universidad.

En 2013 la Universidad de Stanford publicó su libro Rebel Mexico: Student Unrest and Authoritarian Political Culture During the Long Sixties, donde propone una nueva mirada al proceso tomando como punto de partida la huelga estudiantil en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) de 1956 y cómo se gestan los movimientos sociales a la par de la respuesta represiva del Estado.

El académico, quien es oriundo de Xalapa, desde niño se trasladó con su familia a Los Ángeles, California y vino a la Universidad Veracruzana (UV) para impartir la conferencia “El 68 y el estudiante como ‘un problema nacional’ ”, en el marco de las Jornadas Académicas “De Tlatelolco a Ayotzinapa. Un paso adelante y tres atrás”, celebradas en octubre pasado.

¿Podría hablarnos sobre su participación en las Jornadas Académicas “De Tlatelolco a Ayotzinapa”?

Vine a dar una plática sobre mi tema de estudio que son los movimientos estudiantiles en México en el contexto de la Guerra Fría; actualmente realizo una investigación relacionada con el activismo estudiantil católico en las décadas de los cincuenta, sesenta y setenta.

En la charla hablé sobre cómo se va construyendo la visión del estudiante como un problema nacional que se empieza a ver en la perspectiva del Estado desde los años cincuenta y explica la represión que se le dará a los estudiantes no sólo en el 68 sino durante toda la década y más allá.

En el libro Rebel Mexico plantea que 1956 fue un momento clave…

Sí, para entender lo que los historiadores vamos a ver como los años sesenta, no como una década en sí sino como un movimiento en la historia en la cual el estudiante se convierte en actor político y se empiezan a planear formas de activismo estudiantil nuevas, diferentes y únicas, pero también se comienza a ver como algo preocupante desde la perspectiva del Estado.

En 1956 ocurre una huelga masiva que los estudiantes del IPN organizan, pero no es la primera, en 1942 ya habían hecho una y otra en 1950, la diferencia con la del 56 es que fue masiva y en un contexto de la Guerra Fría en el cual el Estado se comienza a preocupar de que el estudiante esté en las calles y empiece a tener fuentes de solidaridad con la clase trabajadora, pues el Politécnico tiene una identidad de clase trabajadora. Eso se convierte en una forma de reinterpretar al estudiante como alguien que es el futuro de la nación, pero le dará dolores de cabeza al Estado.

Además, a partir de 1956 se comienza a utilizar a los granaderos para lidiar con los manifestantes, aunque es un cuerpo policiaco que nunca recibe un entrenamiento adecuado y entonces se aplica por primera vez la Ley de Disolución Social, el Artículo 145 que será una de las peticiones del 68, que se derogue, al igual que los granaderos.

La Dirección Federal de Seguridad (DFS) comienza a ver preocupante el activismo estudiantil y en 1958 ocurren las huelgas de los ferrocarrileros, a lo que se suma la revolución cubana en 1959, momento en el que emerge la izquierda independiente y el problema estudiantil crece.

Entre 1961 y 1967 hubo aproximadamente 53 huelgas estudiantiles a nivel nacional, siendo las más significativas las de Morelia, Sonora, Guerrero y San Luis Potosí.

Lo que trato de hacer con mi investigación es complicar un poco, que no todo pasa en el 68 sino que debemos tener cuidado cuando decimos que el 68 es un parteaguas y donde empieza todo porque no es cierto, sería como borrar de un plumazo lo que sucedió.

La diferencia del movimiento en 1968 es que se vuelve masivo e imposible de controlar y están en puerta las olimpiadas, con reporteros llegando de todas partes del mundo a un país con un Estado sumamente autoritario y paranoico, como es la presidencia de Gustavo Díaz Ordaz, quien nunca quiso las olimpiadas pero las heredó y debió realizarlas.

Especialistas advierten sobre analizar un movimiento en torno a una fecha única…

Hay que tener cuidado cuando hablamos de un movimiento monolítico porque nunca lo fue. Hay diferentes movimientos dentro del movimiento, hay muchos 68 y hacen falta estudios serios que vayan más allá de la historia, tanto oficial del Estado como la que se ha vuelto oficial por parte de los líderes del movimiento.

Hay una voz hegemónica que excluye a otras narrativas; por ejemplo, esa voz que le da prioridad al varón, le da prioridad a la UNAM, le da prioridad a voces de líderes del CGH; por otro lado, las voces de la mujer, del Politécnico, se excluyen, así como de los movimientos estudiantiles fuera de la capital, también se excluyen las voces de los más radicales que usaban la violencia y las de las mismas fuerzas del Estado.

Hay muchas voces que no han sido parte de la narrativa y entonces debemos incluirlas para ver lo complejo que era el fenómeno del movimiento estudiantil, el cual no se debe congelar en el 68 ni en el 2 de octubre y ¿qué es lo que pasa?, genera una historia de victimización y es muy difícil ir más allá de eso. Se pierden las cuestiones culturales y las voces de los que no participaron, por ejemplo; de hecho fue una minoría universitaria la que participó, si nos ponemos a pensar en la Ciudad de México, pero ¿qué pasa con los que no participaron? Simplemente esas voces no han sido escritas y no sabemos lo complejo del tema.

En el estudio que he hecho veo que hubo un apoyo muy fuerte al gobierno de Díaz Ordaz, aún después de la masacre de Tlatelolco. Los representantes de sindicatos, de partidos y de la Iglesia, así como de los sectores populares, le escribían para darle las gracias y que por fin había terminado con el problema estudiantil para poder celebrar las olimpiadas.

¿Nos podría hablar algo sobre los orígenes del porrismo?

Precisamente uno de los argumentos de mi libro es tratar de entender el fenómeno del porrismo y de qué manera emerge en México. Lo que hago es irme a los años cuarenta y cincuenta en el auge del futbol americano, hablo de la “política del relajo” porque el gobierno mexicano invirtió muchos recursos para mantener a los estudiantes entretenidos y que no se involucraran en la política.

Hay mucho financiamiento a los grupos de animación, tanto del Politécnico como de la UNAM y de ahí salen los porristas: eran hombres que animaban al público en los partidos de futbol americano y había quienes recibían dinero, compraban ropa y hacían fiestas, iban a bailar y a tomar, lo que le sirvió muy bien al Estado por muchos años, era una forma de financiar a grupos que se convirtieron en intermediarios entre el político, la universidad y el estudiantado.

Cuando había conflictos, estos mediadores trataban de apaciguar al estudiantado y funcionó muchas veces. Pero cuando el estudiante empieza a manifestarse entran en juego grupos de choque que también golpean.

Lo que pasa en el 68 es que estos grupos de choque son insuficientes para contener las acciones y argumento que éste es el motivo por el cual el Estado utilizará las fuerzas militares, pero después del 68 volverán con el apoyo de Luis Echeverría y serán grupos porriles más fuertes, con ametralladoras y todo tipo de armas, es cuando entra el narcomenudeo a las universidades y se empiezan a disputar espacios.

Respecto a la presencia hoy en día de los porros en las universidades, ¿cuáles serían las causas de su persistencia?

Nunca se han ido, siempre han estado ahí. Se activan y siempre se les ha mantenido, se les divierte, se les dan plazas y espacios dentro de las universidades y no se les pide mucho a veces, pero cuando se les necesita, se les pide actuar y ellos no tienen otra cosa más que responder porque se les ha dado apoyo, tanto político como económico, sobre todo con los estudiantes pobres porque a veces es lo único que tienen en realidad.

Éstos también son grupos para aprender de política y de ahí salen políticos, porque la política no sólo se aprende en el aula, también en los grupos de choque y de animación, nos guste o no.

¿Cuál es la intención de su libro, qué espera de sus lectores?

Hay que hacer nuevas y diferentes preguntas para entender lo complejo del movimiento estudiantil, entender que no lo podemos incorporar en unas pocas voces hegemónicas que nos ha dado la historia oficial del 68 y que lo pintan como un parteaguas donde comienza la democracia en México que, desde mi punto de vista, no lo es, es una visión limitada y errónea, no veo un México antes y otro después del 68.

Si vemos la represión que se da con Luis Echeverría, es muy fuerte, a pesar de la apertura democrática; si nos salimos de la Ciudad de México y vemos lo que está pasando en Guerrero, ocurre una brutalidad enorme, como también en Chihuahua y otras regiones del norte donde matan a los jóvenes, los torturan con total impunidad y se acercan a lo que ocurre en los estados militares como Argentina, pero ese tipo de historias se saben poco y no las contamos, se quedan abajo de las piedras y las debemos contar.

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